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Seguridad, competitividad y confianza: el nuevo desafío del Bajío
00:10 jueves 11 junio, 2026
Colaboradores
A veces las noticias más importantes no llegan en forma de inversión millonaria, inauguración de obras o anuncios económicos. A veces llegan en forma de advertencia. La reciente actualización de alertas de viaje del gobierno de Estados Unidos, publicada a días del arranque de la Copa Mundial de Fútbol, es una de ellas. No porque determine el futuro de México, sino porque refleja cómo nos observa uno de nuestros principales socios comerciales. Y en un país donde buena parte del turismo, la manufactura y la inversión dependen de la confianza internacional, la percepción también es una forma de realidad económica.
El dato que debería llamar la atención es que el Bajío ya no aparece como una región homogénea. Mientras San Luis Potosí, Querétaro y Aguascalientes permanecen en un nivel de riesgo considerado administrable, estados vecinos como Guanajuato, Jalisco, Zacatecas y Tamaulipas enfrentan advertencias más severas. Lo que durante años fue presentado como un corredor integrado de competitividad hoy muestra grietas evidentes. Y cuando la seguridad deja de ser uniforme, también comienzan a fragmentarse las cadenas logísticas, las decisiones de inversión y la movilidad de ejecutivos, turistas y proveedores.
Para San Luis Potosí esto representa una oportunidad tan grande como peligrosa. La entidad aparece hoy como una especie de oasis operativo en una región rodeada por focos amarillos y rojos. Esa condición puede atraer empresas, visitantes e inversiones que buscan certidumbre, pero también genera nuevas presiones sobre infraestructura, servicios y seguridad. La historia demuestra que cuando un territorio logra contener determinados fenómenos delictivos, estos rara vez desaparecen; con frecuencia simplemente se desplazan. La pregunta no es si San Luis Potosí está mejor posicionado que algunos de sus vecinos. La pregunta es cuánto tiempo podrá sostener esa ventaja sin una estrategia regional de largo plazo.
Y es que la seguridad se ha convertido en uno de los principales factores de competitividad económica. Durante años se creyó que bastaban carreteras, parques industriales y mano de obra calificada para atraer inversiones. Hoy eso ya no es suficiente. Las empresas globales analizan riesgos territoriales, estabilidad institucional y capacidad de respuesta gubernamental con el mismo rigor con el que revisan costos energéticos o incentivos fiscales. En otras palabras, la gobernanza se ha convertido en infraestructura económica. Y quien no lo entienda quedará fuera de la siguiente ola de crecimiento.
La verdadera discusión no es si San Luis Potosí recibió una buena calificación por parte de Estados Unidos. La verdadera discusión es qué hará con ella. Porque los "reconocimientos" internacionales duran poco cuando no están respaldados por resultados sostenidos. La Copa del Mundo pasará, las alertas cambiarán y los reflectores se moverán a otro lugar. Lo que permanecerá será la capacidad —o incapacidad— de los gobiernos, las empresas y la sociedad para defender un activo que hoy vale tanto como cualquier inversión multimillonaria: la confianza. Y en la economía global, perder la confianza cuesta mucho recuperarla.