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Huracán Trump
00:01 miércoles 23 septiembre, 2026
Colaboradores
Al calificar a México como el “epicentro de la violencia de los cárteles” ante la ONU, Donald Trump recurre a un libreto conocido que mezcla diagnóstico real con oportunidad política. Si bien resulta innegable la crisis de seguridad que flagela a comunidades enteras en suelo mexicano, situar el origen del mal únicamente al sur del Bravo invisibiliza la arquitectura global del problema.
México pone los muertos y la violencia de una sangrienta disputa; pero Estados Unidos aporta la insaciable demanda de drogas, la liquidez financiera que lava el dinero criminal y el flujo incesante de armas de alto poder que nutre los arsenales del crimen organizado. Reducir un fenómeno transnacional a una narrativa de culpabilidad unilateral resulta cómodo para el discurso electoral en Washington, pero estéril para construir soluciones profundas.
La diplomacia exige reconocer la gravedad de la violencia sin ceder ante estigmas reduccionistas. La verdadera respuesta al crimen organizado no se hallará en señalamientos desde el podio global, sino en una responsabilidad compartida que combata el tráfico de armas y el consumo masivo con la misma firmeza con la que se exige recuperar el control territorial.