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La tarifa que sube puntual... no como los camiones
00:10 miércoles 7 enero, 2026
Colaboradores
Enero avanza y en San Luis Potosí se activa un mecanismo que ya parece automático: arranca el año, aprietan los gastos familiares y vuelve el aviso de que el transporte público está “al borde del colapso”. El mensaje no sorprende a nadie. Cambian las cifras, no el libreto. La tarifa se anuncia como inevitable, casi como un fenómeno natural, mientras el usuario vuelve a preguntarse si de verdad el servicio cotidiano justifica el cobro que se pretende imponer.
El argumento de la quiebra se sostiene, como siempre, en lo que no se dice. Poco se habla de las unidades que rebasan por mucho su vida útil, de los camiones que circulan fuera de norma o del mantenimiento que se posterga indefinidamente. Menos aún se explica por qué esas irregularidades han sido toleradas durante años por la autoridad. La ley marca revisiones tarifarias, sí, pero también exige condiciones mínimas que rara vez se cumplen. Ese detalle suele perderse entre declaraciones y conferencias.
El impacto real no está en los discursos, sino en la calle. Para miles de personas, un aumento a 15 pesos significa ajustar comidas, rutas y horarios solo para llegar al trabajo o a la escuela. En una cuesta de enero particularmente pesada, el incremento se percibe menos como una actualización y más como una carga adicional sobre los mismos bolsillos de siempre. El pasaje sube de forma puntual; la mejora del servicio, en cambio, sigue sin fecha definida.
El balón ahora está del lado del Gobierno del Estado, que tiene la responsabilidad legal y política de decidir. Autorizar sin condiciones sería repetir una historia conocida; frenar sin alternativas también tendría costos. El verdadero reto está en romper la inercia: exigir compromisos verificables, plazos claros y consecuencias reales. Un punto medio solo es viable si deja de ser retórico y se traduce en cambios visibles para quien usa el camión todos los días.
Porque el fondo del debate no es solo cuánto cuesta el viaje, sino qué se recibe a cambio. Después de décadas de incrementos, el transporte sigue arrastrando deficiencias estructurales que nadie termina de corregir. Mientras eso no cambie, cada inicio de año traerá el mismo escenario: anuncios previsibles, molestia social creciente y una ciudad que paga más por un servicio que, una vez más, no mejora al mismo ritmo que la tarifa.
¡Hasta mañana!