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No llegó solo; alguien le abrió la puerta a territorio potosino
00:01 viernes 9 enero, 2026
Colaboradores
Hay palabras que suenan lejanas hasta que dejan de serlo. “Gusano barrenador” era una de ellas. Algo que pasaba en el sur, en notas nacionales, en comunicados técnicos que pocos leían completos. Hoy ya no es un concepto, es una realidad instalada en San Luis Potosí, y cuando eso ocurre no basta con activar protocolos: hay que explicar cómo llegamos aquí.
Porque esto no empezó en diciembre ni con el primer caso “detectado”. Empezó mucho antes, cuando las alertas se volvieron rutina, cuando los exhortos legislativos se archivaron como trámite y cuando la prevención fue tratada como un gasto prescindible. En julio del año pasado se pidió actuar con urgencia. Meses después, la urgencia se volvió emergencia. Entre una fecha y otra, algo —o alguien— decidió mirar hacia otro lado.
Oficialmente, el discurso es impecable: coordinación, cercos sanitarios, brigadas, reuniones informativas. Todo suena correcto, incluso necesario. Lo que no se dice es que esas acciones siempre debieron estar activas. Que llegar “a tiempo” cuando la larva ya está en el territorio no es llegar a tiempo, es llegar tarde con buena narrativa. Y que nadie ha explicado qué falló en la cadena: ¿la vigilancia?, ¿la movilización de ganado?, ¿los controles en temporada alta?, ¿o la comodidad de asumir que aquí no iba a pasar?
También hay silencios incómodos. Nadie quiere hablar del mercado informal, del traslado irregular de animales, de la debilidad histórica para supervisar lo que se mueve fuera del radar oficial. Tampoco se habla del contexto: un campo golpeado por inundaciones, con hatos debilitados, humedad persistente y pequeños productores intentando sobrevivir como pueden. En ese escenario, cualquier plaga no llega sola: se le abre la puerta.
La pregunta no es quién va a salir a dar la conferencia más completa, sino quién va a asumir responsabilidades reales. Porque el gusano barrenador no apareció por generación espontánea. Llegó porque el sistema que debía contenerlo tuvo grietas. Y mientras no se reconozcan, seguiremos celebrando respuestas reactivas, cuando lo verdaderamente urgente —y escaso— sigue siendo la prevención. El campo habló; es más, ya está gritando. Ahora falta saber si alguien, de verdad, está dispuesto a escucharlo.