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En términos reales, hay cientos de miles de personas que residen en el sur de la península de Florida
00:01 sábado 28 febrero, 2026
Colaboradores
El fallido intento de un grupo de exiliados cubanos por infiltrarse en la isla en lo que parece una misión de sabotaje o de aprovechar la aparente debilidad del gobierno cubano para tratar de organizar su caída, puso de relieve que en la relación entre Estados Unidos y Cuba hay otros jugadores con intereses propios.
En términos reales, hay cientos de miles de personas que residen en el sur de la península de Florida y algunas de ellas, nadie sabe exactamente cuántas, son militantemente opuestas al actual régimen cubano y dispuestas a actuar, incluso contra las disposiciones del gobierno estadounidense.
De acuerdo con los reportes existentes hasta la mañana del jueves, una lancha de registro estadounidense entró en aguas territoriales cubanas e intercambió disparos con una patrulla de la Guardia Costera cubana. Cuatro de los 10 tripulantes murieron en el tiroteo; seis más fueron heridos y detenidos.
El incidente no es el primero de su tipo ni la única vez que ha habido incidentes mortales en medio de momentos importantes en los intercambios político-diplomáticos de los dos países: el martes, por ejemplo, se cumplieron 30 años de que la Fuerza Aérea Cubana derribó dos avionetas del grupo "Hermanos al Rescate", que resultó en la muerte de tres cubano-estadounidenses y un refugiado cubano, que supuestamente habían lanzado volantes sobre La Habana. El incidente congeló un acercamiento entre los dos gobiernos.
Esta vez, aparentemente, un grupo de cubanos exiliados consideró que la debilidad del gobierno cubano, afectado por la falta de combustible para transportación civil o sostener un continuo abastecimiento de energía a la población, favorece una misión para cometer sabotajes o iniciar un movimiento de descontento y provocar la caída del régimen.
Una situación de ese tipo ha sido una preocupación compartida en cierta forma por los gobiernos de los dos países, aunque por consideraciones distintas.
Para el gobierno de Estados Unidos, se trata de la posibilidad de que ciudadanos estadounidenses se vean involucrados en una situación de violencia que obligue a su intervención. Para el régimen cubano, la de que se provoque un conflicto armado real con aquellos.
De ahí que los dos lados parecen actuar con cautela. La situación de Cuba es más que complicada. El régimen tiene el control interno y probablemente un importante grado de apoyo ante la agresión externa, pero se queja también de los rigores a que está sometida su población ante el bloqueo comercial y naval estadounidense, que muestran su creciente vulnerabilidad.
Para algunos expertos, el incidente refleja el deterioro de las relaciones entre ambos países y el aumento de los riesgos de seguridad en el estrecho de Florida, una zona clave para el tráfico irregular y la migración, con consecuencias en la evolución de las relaciones entre Washington y La Habana, así como en la política y acciones de otros países.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE