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Es ahí donde entramos en el terreno de la doble moral o de la hipocresía
00:01 miércoles 11 febrero, 2026
Colaboradores
Se indignan por la letra de las canciones de Bad Bunny, pero no por los amigos de Epstein. Critican la ayuda humanitaria a Cuba sin mencionar que el bloqueo se intensifica. Se meten con los familiares de funcionarios, pero no aguantan que se les critiquen sus incongruencias. ¿Cómo llamarle a eso?
Entiendo, queridos lectores, que en gustos se rompen géneros. Entiendo también que puede desagradarnos un tipo de música o un artista, pero lo que me molesta es este aire de superioridad moral que algunos adoptan para desdeñar a un artista, para desdeñar a un género musical o para referirse a todo aquello que no les parece o que no coincide con su manera de pensar, como si fuera algo despreciable, no digno de tomarse en cuenta, algo que no merece ser valorado.
Es ahí donde entramos en el terreno de la doble moral o de la hipocresía. Hay que decirlo con todas sus letras: yo no me atrevería a criticar la letra de las canciones de Bad Bunny si alguna vez canté las de otros artistas que probablemente eran igual de subversivos, de ofensivos o misóginos en su momento. Piense usted tan sólo en los Rolling Stones, clásicos de su época, fantásticos, maravillosos, en activo todavía y una canción como “Brown Sugar”. O en los Beatles y algunas de sus tonadas como “Run For your Life”. O de tantas otras de los clásicos mexicanos del machismo, del tequila, que hablan de la mujer como objeto y no como sujeto de libre voluntad y albedrío. Todo eso debería escandalizar por igual, pero no es así. El respeto a la mujer debería estar en primerísimo lugar, enfocado en las mujeres que son víctimas de acoso, de agresión, de discriminación. Pero no, la indignación se encuentra por un monumento pintarrajeado y por una canción de Bad Bunny. Ahí se topan, ahí se hacen y eso, queridos lectores, es lo que me parece que debería movernos a la reflexión.
¿O les parece acaso normal y aceptable que el presidente de Estados Unidos, conocido por su trato hacia las mujeres, por sus expresiones, por su amistad y su relación con Jeffrey Epstein, salga ahora a condenar el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl porque hubo escenas que podrían ofender a los niños viéndolas? ¿Es congruente que nos preocupe más un espectáculo que un hecho delictivo como lo fueron todos aquellos que cometieron Epstein y sus cómplices? Podríamos ir a muchos otros terrenos. Pensemos en los de la política internacional, por ejemplo, el caso de Cuba. Siempre se ha argumentado que el modelo comunista es un fracaso, y puede ser, ¿pero lo es por fracaso propio, o lo es por el boicot (o bloqueo si usted prefiere) que le han impuesto durante décadas los Estados Unidos? La decisión de intensificar el bloqueo irrita menos que el envío de ayuda humanitaria a la isla, como veo yo a muchos tan molestos por ello.
Ahora bien, pasemos a otro tema, que mezcla lo político con lo deportivo y con lo jurídico: los Juegos Olímpicos de Invierno. No me meto siquiera con los públicos regaños que ha hecho Donald Trump a algunos de los atletas estadounidenses que han sido críticos de su gobierno o de algunas de sus políticas. Me quedo en algo más sencillo, a ver si ustedes me lo pueden explicar: ¿por qué Rusia está vetada, pero no Israel? ¿Cuáles son los criterios?
En fin, queridos lectores, no pretendo ser juez ni jurado, sólo señalar algunas incongruencias que me parecen elementales.
Por lo demás, cada quien haga de sus opiniones un papalote.
POR GABRIEL GUERRA CASTELLANOS
@GABRIELGUERRAC