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Sharon, que fue un héroe de las guerras israelíes desde la guerra de Independencia en 1948 y la del Yom Kippur en 1976
00:10 sábado 26 septiembre, 2026
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Alguna vez el fallecido primer ministro israelí Ariel Sharon apuntó que el sionismo se basa en tres puntos: la existencia de un estado judío, un país democrático y la creación del Gran Israel, un territorio que, según sus partidarios, va del río Nilo al río Éufrates.
Sharon, que fue un héroe de las guerras israelíes desde la guerra de Independencia en 1948 y la del Yom Kippur en 1976, explicó que "un verdadero sionista puede optar por dos de cualesquiera de esas cosas. Puede tener el Gran Israel y una democracia, pero si fuera verdaderamente democrático, no sería un Estado judío. Si tiene el Gran Israel y un Estado judío, no podría seguir siendo una democracia. Un sionista solo puede tener un Estado judío y una democracia si renuncia al sueño del Gran Israel".
Ciertamente es un señalamiento que no puede ignorarse, aunque de hecho puede ser objeto de interminables discusiones en una comunidad que, como la judía, tiene una larga tradición de debate y disensión.
Pero subraya también la diferencia entre antisionismo y antisemitismo.
Pero también el dilema que enfrenta Israel, significado en su pérdida de popularidad en el mundo.
Ese problema se hizo presente el jueves, en la Asamblea General de Naciones Unidas, cuando unas 70 delegaciones asistentes, incluso algunos jefes de Estado y de Gobierno, abandonaron el recinto cuando el primer ministro Benjamin Netanyahu se preparaba o comenzaba a pronunciar su discurso.
Netanyahu rechazó acusaciones de genocidio contra los palestinos, que calificó como "la mentira del siglo".
El problema es que, si bien nadie discute la brutalidad del atentado terrorista del 7 de octubre de 2023, cuando militantes del grupo Hamas entraron a territorio israelí y dieron muerte a más de 1,200 personas, amén de tomar 250 rehenes, pocos se sienten inclinados a defender una intervención de represalia que arrasó literalmente gran parte de la Franja de Gaza y costó ya más de 70 mil muertos, incluso más de 300 trabajadores de grupos de asistencia y derechos humanos.
Es una proporción brutal en operaciones militares visibles.
Netanyahu acusó a Qatar de tratar de "lavar el cerebro" al mundo occidental para odiar a Israel y albergar a jefes terroristas y señaló a Turquía como diseminador de mentiras, al recordar un historial de autoritarismo, matanzas contra los kurdos, la negación de la masacre armenia y el encarcelamiento de millares de personas.
El hecho, sin embargo, es que, bajo Netanyahu, la imagen de Israel se ha deteriorado en el mundo, especialmente en Europa y Estados Unidos. En parte se debe a que, en el complicado mundo de la política israelí, el gobernante da prioridad a su propia supervivencia y, obviamente, a sus electores, incluso algunos que favorecen el "gran Israel".
Pero la figura de Netanyahu es cada vez más controversial y su modalidad de sionismo, que ciertamente atrae a algunos o muchos en su país y fuera, repele a otros dentro y fuera de Israel.
Y es difícil que Israel recupere su brillo.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1