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La maternidad se ha convertido en una operación estratégica de precisión quirúrgica
10:00 domingo 10 mayo, 2026
México
En el México actual, la maternidad se ha convertido en una operación estratégica de precisión quirúrgica. Desde las colonias de la Ciudad de México hasta las comunidades de Oaxaca o las zonas industriales de Monterrey, las madres mexicanas han transformado el concepto de hogar en un centro de mando donde la tecnología y la solidaridad son las herramientas principales de supervivencia.
Hoy, ser madre implica diseñar rutinas milimétricas para estirar las horas del día. Es el caso de Elizabeth en la capital, quien confía en el "ojo" de sus vecinos a través del chat, ante la alerta sísmica, o de Leticia, en Ciudad Victoria, Tamaulipas, que emprende su propio negocio a medianoche cuando el resto del mundo duerme. Estas mujeres no sólo proveen, protegen sus entornos mediante una logística de resistencia que incluye comida preparada de madrugada, compras en línea y una vigilancia constante a través de la tecnología.
"Somos mamás de WhatsApp”, resume Elizabeth, evidenciando que la crianza ahora ocurre tanto en la sala de la casa como en los grupos digitales que gestionan tareas, avisos y seguridad.
Sin embargo, este nuevo esquema no sólo trata de tecnología, sino de deconstrucción de género. Las mamás actuales sostienen al país apoyadas en redes vitales de amistad y familia —hermanas, primas y padres— que funcionan como el engranaje que les permite salir a "traer el pan" sin descuidar el bienestar emocional de sus hijos.
“Somos mamás de WhatsApp”
Elizabeth es vecina de la colonia Moderna en la Ciudad de México. Ser madre trabajadora en esta gran urbe es tener que trabajar en día festivo, los niños solos en el departamento y que tiemble.
El 4 de mayo la alerta sísmica avisó a los capitalinos que tenían que salir de sus hogares, y Elizabeth había tenido que dejar a sus dos hijos más pequeños en casa. Tuvo que escribir en el chat que tienen los vecinos para pedir que le “echaran un ojito a sus hijos”, Valentina de 13 y Matías de 11 años.
Tú te vas tranquila y aunque están dentro de la casa, pasan estas cosas que no podemos controlar”, cuenta. La logística diaria tampoco da tregua. Entre escuelas con horarios distintos y transporte, la rutina se vuelve una operación milimétrica. “Es un gasto adicional… pero es la tranquilidad de saber que llegan bien”, explica.
A eso se suma el tráfico y las marchas que atraviesan la ciudad. Cuando no alcanza el tiempo, la red de apoyo se vuelve indispensable. En casa, la maternidad también se organiza contrarreloj: comida preparada desde la noche anterior o soluciones rápidas. “Hoy fue un atún… no siempre da tiempo”.
Y está el otro frente: la seguridad. Hijos que crecen y empiezan a moverse solos, con la instrucción constante de avisar. “Somos mamás de WhatsApp… todo el tiempo pendientes”, dice.
“Quiero que mi hija sea autosuficiente”
ACAPULCO.— La de Michel Luciano es una maternidad disruptiva. En un entorno que dictaba que estudiar era un desperdicio porque “las mujeres sólo se casan”, ella pulverizó el estigma familiar: obtuvo dos licenciaturas, una maestría y fundó su propia empresa de eventos.
Su historia representa la evolución del rol materno, donde la crianza ya no es un sacrificio solitario, sino una gestión estratégica.
Ante la demanda de ser empresaria 24/7, Michel ha rediseñado las reglas del hogar. Una de sus mayores victorias fue integrar a su esposo, Balfré, en el chat escolar, un espacio históricamente exclusivo de madres.
Tuve que pedirle a las madres de las compañeras de Sasha que agregaran a mi esposo, pues él es el que se encarga de todo lo relacionado con la escuela”, cuenta. Hubo resistencia, pero lo aceptaron.
En esta dinámica de matriarcado moderno, toma las decisiones clave y lidera el negocio mientras opera en un equipo equitativo donde las tareas domésticas se dividen sin jerarquías de género.
Su meta es heredar a su hija Dasha no sólo educación, sino autonomía. “Quiero que ella sea autosuficiente, independiente y que aprenda a tomar sus propias decisiones”.
“A mi hijo le digo los peligros que existen”
TUXTLA GUTIÉRREZ.— Virginia Hernández encarna la resiliencia y el instinto protector de la maternidad actual, una labor que hoy exige ser tanto pilar económico como escudo ante un entorno social complejo.
A sus 40 años, su jornada inicia a las cinco de la mañana, transformando el esfuerzo físico en parte del sustento que permite a sus hijos estudiar.
Vende pozol, mango verde, chicharrines y dulces, pero su rol se extiende a la seguridad física y emocional de su familia.
A mi hijo lo cuido dándole consejos de los peligros que puede haber en la escuela y fuera de ésta, así como también ir a dejarlo y a traerlo de la escuela, debido a la delincuencia y la violencia que se vive en la actualidad”, relata.
Lejos de una estructura rígida, Virginia y su esposo, Cirilo, operan bajo una gestión compartida que responde a las necesidades del presente.
Mi esposo y yo tomamos las decisiones del hogar. En ocasiones, uno de los dos toma la iniciativa en decidir”. Así, ella equilibra la tradición del esfuerzo diario con la adaptabilidad que los tiempos exigen para sacar adelante a sus hijos.
"Mi hermana no se quedó de manos cruzadas"
MONTERREY.— Sin el apoyo de un padre para su hijo, la maternidad no ha sido fácil para Katty Rodríguez, de 51 años, mamá de Santiago, de 13. “Honor a quien honor merece”, menciona Katty cuando recuerda que su hermana mayor, Betty, conocida como Tití Garay, artista local, fue quien le ayudó a salir adelante con su hijo.
Tití estuvo al pendiente de ella y su pequeño desde el momento en que, a sus 38 años fue diagnosticada con un embarazo de alto riesgo.
Venía a hacerme mis comidas y cuidarme. No se quiso quedar de manos cruzadas”, cuenta Katty. Cuando nació el niño, se comportó como la abuela del menor. Luego llegó el momento de reincorporarse al trabajo, y Betty fue quien lo cuidó.
Katty ha tenido varios trabajos, fue dueña de una boutique, ha vendido ropa en mercados rodantes y ha laborado en la empresa de su hermano Mike Rodríguez, productor artístico. Betty siempre la apoyó para que saliera a “traer el pan a casa”.
La red de apoyo que se tejió alrededor de Katty para ayudarla en la atención de su hijo también involucra a sus otros hermanos, Raúl, Blanca y Pedro. Betty fue el principal engranaje hasta su muerte, el 28 de diciembre pasado.
“A Santi le pegó mucho”, sostuvo, quien poco a poco va saliendo adelante del bache emocional, con las mismas enseñanzas que le dejó su hermana.
Laura equilibra trabajo y crianza
SALTILLO.— El trabajo de una madre de familia no se limita solamente al cuidado de los hijos, va más allá de convertirse en enfermera, médico, psicóloga, y hasta en un personaje de grandes habilidades para divertir a los hijos o hijas.
Laura Constante personifica a esa madre actual. A sus 30 años, es una profesionista y comerciante que desafía la visión tradicional de la crianza. Es una estratega que gestiona un hogar con dos hijas, de ocho y dos años, bajo un esquema de corresponsabilidad.
La jornada de Laura comienza desde la noche previa, anticipándose al caos matutino para enviar a su hija mayor a la escuela.
Dejo su uniforme preparado, su mochila, le empiezo a hablar que se levante para que este a tiempo”.
Lo que define su maternidad es la capacidad para integrar su negocio propio con la crianza, permitiendo que la menor no asista a guardería.
El reto de la demanda actual lo enfrenta con un equipo sólido: su esposo, con quien comparte la responsabilidad de la cocina y el transporte escolar, y una red familiar cercana. Juntos, priorizan el diálogo y el bienestar común, en una maternidad que no es un sacrificio solitario.
Buscó autonomía para no perderse su infancia
OAXACA, Oax.— Todos los días, Rosita Melchor viaja hacia la capital cargada de guisos, verduras y frutas. Zapoteca residente de San Andrés Huayápam, Rosita es una madre autónoma que busca dar una mejor vida a sus hijas de 14 y 16 años, quienes la acompañan y admiran su sazón, capaz de abrazar a quien lo pruebe.
Su jornada es de 12 horas diarias. Para Rosita, mamá autónoma, el equilibrio entre lo personal y profesional fue un reto:
Los primeros años de escuela de mis hijas, trabajé en un restaurante, pero renuncié porque me iba a perder de apoyarlas en tareas, festivales, exámenes, conocer a sus amistades”, explica.
Las jóvenes heredaron el amor por los sabores y juntas instalaron un comedor propio. Por las noches planean el menú, surten el mercado y reciben proveedores para que Rosita transforme los insumos en delicias. Su hija mayor decidió seguir sus pasos estudiando panadería y gastronomía.
Alegre y dinámica, Rosita prioriza su hogar y el negocio. Considera un privilegio la comunicación con sus hijas, quienes ya cuidan el patrimonio familiar. En su comedor, la relación madre e hijas trasciende lo laboral; existe una empatía que permite que todo fluya, involucrando a otras tres mujeres.
La red de apoyo es clave, asegura Citlali Macías
PACHUCA.— “Si no tienes redes de apoyo, es traerlos para todos lados. Me tocó atender clientes e hijo a la vez; algunos patrones se prestan, otros no”, relata Citlali Macías, actriz, abogada y activista que desde hace 13 años ejerce una maternidad independiente.
Tras separarse cuando su hijo Zahit tenía un año y medio, contó con el respaldo de su madre y hermanas.
Hoy Zahit tiene 15 años y viven solos. Se organizan: los domingos ella cocina guisados y él prepara arroz o sopa. “Desde los ocho años aprendió a cocinar; ama las pechugas empanizadas”, cuenta.
En casa, los acuerdos de limpieza son constantes, aunque desafiantes por la adolescencia. Citlali ve en él un aliado para sembrar nuevas masculinidades, deconstruyendo conductas machistas para transformar la sociedad.
Su separación la impulsó a estudiar Derecho para acompañar a otras mujeres. Citlali es hija de Malena, quien también fue madre autónoma en una época de mayores tabúes.
Admiro a mi mamá. Ella me dio las herramientas y la fuerza para mi lucha actual”, afirma.
Desde la colectiva Ley Sabina, Citlali combate la violencia vicaria y visibiliza a deudores alimentarios. Para ella, el Día de las Madres es un respiro con su familia y el preludio del 11 de mayo, cuando sale a las calles a exigir responsabilidad parental.
“Le faltan horas al día para poder cumplir”
CIUDAD VICTORIA.— Para Leticia Mellado Ortiz, maestra de educación media superior, la maternidad fue una decisión firme tomada en soltería. Hoy, con un hijo de tres años, su vida transita entre aulas, un emprendimiento y la crianza, sostenida por una red familiar invaluable.
Su jornada es un ejercicio extremo de organización. Tras ocho horas laborales, se dedica por completo a su hijo.
Procuro que duerma temprano para crearle un hábito saludable”, explica. Aunque no vive con el padre del niño, aclara que él está presente en la crianza.
Cuando el pequeño duerme, inicia su otra labor: de ocho de la noche a medianoche se enfoca en su negocio.
Le faltan horas al día para cumplir y dar lo mejor de mí”, confiesa. El agotamiento ha cobrado factura mediante estrés y problemas de salud.
Para optimizar el tiempo, Leticia programa las comidas semanales, aunque cocina algo básico para dar variedad. En este esfuerzo, sus padres y su prima son un soporte cotidiano.
Me llaman para decirme que tienen comida caliente”, relata con gratitud. Gracias a este núcleo familiar, Leticia reconoce que no ha enfrentado las angustias que sufren otras madres solas.
“Trabajo mucho, pero nos damos tiempo para todo”
LEÓN.— Luz Acevedo es diseñadora de modas y pasa horas creando, imaginando nuevas opciones para lanzar a la vanguardia la empresa en donde se desempeña. Pero también gesta en su mente cómo impulsar a su familia, de la cual ella es jefa.
Luz también diseña los días domésticos en su casa. A diferencia de la estructura de 11 hermanos en la que creció, Luz ha construido con su hija, contadora, una alianza estratégica donde los roles domésticos se distribuyen con pragmatismo y complicidad.
Yo sigo cocinando. Paso mucho tiempo en mi trabajo, en mi labor profesional, pero yo cocino, y ahora mi hija también, porque nos tenemos que dar el tiempo para todo”, destaca.
“Mi familia es muy unida. Con mis hermanos tengo una convivencia muy estrecha. Y el padre de mi hija vive en Monterrey, por tanto casi no tenemos contacto”.
La profesionista y ama de casa se mantiene en contacto con su hija en todo momento, porque no deja de ser mamá, y de estar pensando en su bienestar.
Al preguntarle sobre su sensación sobre ser madre, Luz considera que ha vivido un “premio majestuoso”, y se siente privilegiada.
“Aquí uno aprende a partirse en tres”
XALAPA.— En Veracruz, la maternidad es una lucha por el bienestar que a menudo recae sobre la mujer.
En la colonia Revolución, entre el olor a café y el rumor de camiones, Maribel, comerciante de 42 años, asume que maternar es un reto triple:
Aquí una aprende a partirse en tres: para la casa, para el trabajo y para que los hijos no se nos pierdan en medio de tanto desmadre”.
Hoy, además de la carga física, enfrenta la digitalización de la crianza, “hacer malabares con el celular”.
Antes una se enteraba por la vecina... ahora si no estás pegada al WhatsApp, se te va todo: avisos, tareas, cambios de horario...”.
Para ella, la maternidad es un acto tecnológico. Vigila su puesto de frutas mientras “cuida” grupos y plataformas para que sus hijos no se queden atrás.
Criar “a contracorriente” implica sortear el alza de precios y la ausencia de su esposo, Juan Alberto, quien emigró a Estados Unidos.
Mientras él envía dólares para construir su casa, Maribel sostiene el día a día con su puesto.
Esta mamá no sólo tiene como reto entender y atender a sus hijos, sino aprender la evolución tecnológica, porque de eso depende su cuidado, en medio de un barrio que enfrenta muchos desafíos de alcoholismo, adicciones, delincuencia y violencia.
Tener 5 minutos con tres niños es un reto: Mónica
AGUASCALIENTES, Ags.— Mónica Yunuen Guzmán es una mamá que gestiona la complejidad de tres etapas generacionales distintas: la adolescencia, la infancia y la lactancia.
En una actualidad que exige eficiencia, Mónica ha diseñado un itinerario de corresponsabilidad junto a su esposo, quien provee el recurso a la casa.
En las labores de la casa nos organizamos: a quién le va a tocar lavar los trastes, quién lava la ropa...”.
Su maternidad enfrenta el reto de la carga mental y la lucha contra la desconexión tecnológica. Mónica es honesta sobre el agotamiento moderno:
A veces, del cansancio, se refugia uno en el celular y es como: ‘ya quiero mis cinco minutos’, pero tienes a tres niños que están detrás de ti”.
Para ella, el éxito radica en no ser una “madre ausente” en un mundo digitalizado, mientras preserva su propia identidad.
Mónica subraya que ser madre hoy es una elección que exige conciencia sobre el cambio radical de vida.
Es una parte muy padre ser mamá, pero también es demandante. No puedo decir que es fácil serlo. Tampoco creo que todas las mujeres estén hechas para ser mamás; si una decide no tener hijos está perfecto y es respetable, porque la verdad sí es una gran responsabilidad”.
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Con información de Excélsior