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En la fila de las tortillas nadie menciona el índice de precios al consumidor ni el problema del precio del maíz
00:15 sábado 18 abril, 2026
Colaboradores
Hoy, 100 pesos ya no alcanzan ni para alimentar la conversación en la mesa con la familia acerca de por qué todo está tan caro. Alcanzan para menos cosas, sin duda, y también dejan poco margen para explicaciones revueltas y trilladas. Uno sale a la tienda de la esquina, al sobreruedas, a cargar gasolina, y las frases se disparan como los precios lo vienen haciendo hace unas semanas. “Ya todo bien caro”. “Dicen que es por el Trump”. “Sí, por la guerra”. “Quién sabe”. Y en ese quién sabe coral vivimos día a día, tienda en tienda, de bolsillo en bolsillo. Los datos son claros. La inflación ronda ya el 4.59 por ciento; muy lejos de aquel 3 por ciento que se propuso el Banco de México. Hoy parece una cifra que ya ni resuelve ni repone pesos a las familias. El Inegi publica reportes, los analistas explican causas, los economistas advierten escenarios. Incluso hay quienes hablan -como la Central de Abastos de San Luis Potosí- de incrementos de hasta el 200 por ciento en productos básicos, según las voces de los propios mercados que han sido entrevistados por esta casa informativa. En la calle, por supuesto, se habla de otra cosa. “Íjole, ¡el jitomate!” “¡El frijol!” “Nombre ayer la medicina pa’ la diabetes de mi marido; me salía en 30, ya está en más de 100”. “¡A poco!” “Nombre, están locos”. En la fila de las tortillas nadie menciona el índice de precios al consumidor ni el problema del precio del maíz. En la gasolinera no se discute geopolítica. A lo mucho, alguien menciona que “allá lejos” hay una guerra, que algo pasa con el petróleo y “pues ni modo, eso pega”. Pero no hay tiempo -ni energía- para entender cómo. Y sinceramente, no veo que pase por puro y llano desinterés, sino por supervivencia del día a día, que el dinero alcance, que no falte la chamba y que la despensa llegue a final de mes. Realmente revisar cómo marcha una guerra, cómo tensa las rutas comerciales o cómo se disputan el control de un estrecho del que pocos han escuchado hablar, pues no parece la primera preocupación de los mexicanos. (Datos interesante: México Elige acaba de publicar su estudio mensual de los principales problemas de la ciudadanía y sí, son la inseguridad, la corrupción y la economía. La guerra, por sí sola, no figura). Pero el contexto también nos obliga a poner la mirada aquí. Los bloqueos de transportistas y campesinos son tan esenciales para entender el aumento de precios como nuestra empatía con ellos que tienen años pidiendo cosas muy justas para poder comercializar su producto. Ya le mencioné tres de ellas en el párrafo anterior. Los bloqueos de carreteras que tanto afectan al país, provocados por campesinos y transportistas, surgen de la imperiosa necesidad de tener carreteras más seguras, de que delitos -como la extorsión o el cobro de piso- se persigan. Tal vez, y solo tal vez, eso amortigüe un poco la dinámica inflacionaria que vive el país. Sin embargo, entre tantas aristas y tantos precios y tan pocos pesos, el ciudadano hace cuentas. No la de los economistas, sino las propias, las de la cartera, las de esos 200 que ahora tiene porque alguien le tiró paro y ya le alcanza para más. “Total, en la quincena se los doy”, piensa mientras toma sus 5 jitomates, las tortillas, una leche, un Carlos V, el frijol, unos muslos de pollo y los 7 pesos de cambio que le devuelve la caja de auto cobro. * Entender lo básico -aunque sea lo básico- también es una forma de cuidar el bolsillo.
PD. Aplica también para el político.