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Rocha Moya por lo pronto es un tipo que está en la mira del gobierno norteamericano, del gobierno mexicano y de “El Mayo” Zambada
00:10 miércoles 26 agosto, 2026
Colaboradores
Es recurrente decir que la vida da muchas vueltas y si en un ámbito las volteretas son cosas permanentes es en la política, en la que el cambio es una constante. Es cosa de que se mueva una sola pieza del rompecabezas para que todo se reconfigure. Es lo que pasó con el caso de Rubén Rocha Moya. Bastó que tomara la decisión de regresar a gobernar su estado para que todos, literalmente todos sus compañeros de Morena le dieran la espalda. Si hace unos meses le decían “no estás solo”, ahora está más solo que nunca.
Cierto que fue el propio exgobernador quien construyó su aislamiento de manera sorprendente. Sin consultar a nadie, sin tocar base, según dicen sus propios compañeros, tomó una decisión que puso en jaque a la presidenta Sheinbaum y a su gobierno. La reacción oficial fue rápida como pocas veces. Los gobernadores del morenismo, los líderes en las cámaras legislativas, la Secretaría de Gobernación y la propia presidenta, le pusieron una tunda al iluso de su independencia que lo obligaron a renunciar nuevamente. No duró ni dos días su alarde.
Algo pasa en el morenismo que lo que priva es el desorden. La crisis desatada por las actitudes del gobernador -ahora nuevamente con licencia- evidencia que en el oficialismo ya no basta el pegamento del compañerismo porque son momentos de candidaturas, o lo que es lo mismo: empezó la disputa por el poder y es un asunto de sobrevivencia.
Si ayer todos gritaban envalentonados vítores al sujeto señalado por las autoridades norteamericanas, defendían su gran trayectoria y su supuesta conducta irreprochable y democrática, ahora al tipo no le invitarían ni un café. Culpa de él por supuesto, pero a la mejor creyó, torpemente, todo lo que dijeron de su persona, las veces que la presidenta lo defendió públicamente no solo frente a los críticos opositores sino también ante las instancias estadounidenses que solicitaron su extradición. Rocha Moya se creyó lo que sus compañeros decían de él pero que ahora sabe que no era cierto, que se trataba de un frente político no de que creyeran en su inocencia. Ahora solo y abandonado le espera un futuro incierto.
Pero, ¿qué futuro puede tener Rocha Moya? Pues uno en Estados Unidos y otro en México y ninguno es muy halagüeño. En Estados Unidos sin duda le espera la cárcel con una condena estilo norteamericano de trescientos años más dos vidas y quizá alguna negociación de reducción de pena. La prisión siempre es dura y en otro país y con las acusaciones que pesan sobre el señor posiblemente no vuelva a ver suelo nacional. En el caso de lo que le espera en México parece que ya no será posible vivir escondido en las palabras presidenciales.
Al contrario, la actitud bravucona de Rocha Moya obliga a la presidenta y a la FGR a acelerar las investigaciones sobre las acusaciones norteamericanas y también sobre lo sucedido en su estado el día en que secuestraron a “El Mayo” y asesinaron a Melesio Cuén y de lo cual no hay explicación pública sobre el actuar del gobernador en esos días. Es muy posible que Rocha enfrente, ahora sí, algo más que rumores. Por lo pronto es un tipo que está en la mira del gobierno norteamericano, del gobierno mexicano y de “El Mayo” Zambada. No parece un futuro muy promisorio.
POR JUAN IGNACIO ZAVALA
@JUANIZAVALA