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Un reporte ofrece una receta ambiciosa para México; el problema es el Estado que su receta presupone
00:10 miércoles 19 agosto, 2026
Colaboradores
Mariana Mazzucato lleva años criticando la idea del Estado como mero corrector de las fallas del mercado. Su nuevo reporte sobre México, escrito con Lara Merling (https://tinyurl.com/5n8sxcwj), se pregunta por qué el país se convirtió en una potencia manufacturera y exportadora sin traducir ese éxito en prosperidad compartida, convergencia regional, productividad generalizada, aprendizaje tecnológico y una proveeduría nacional más robusta.
El Estado no debería reducirse al mínimo y dejar lo demás a la iniciativa privada; tendría que asumir la responsabilidad de moldear los mercados: encauzar el crédito, la infraestructura, las compras públicas, la regulación y las empresas estatales hacia objetivos más ambiciosos. No sólo intervenir después, sino orientar de antemano. Esa es la esencia del “market shaping” que plantean Mazzucato y Merling.
El planteamiento, sin embargo, parte de una premisa que recuerda el viejo chiste de los náufragos que encuentran una lata de comida, pero no tienen cómo abrirla. Uno de ellos, economista, expone orgulloso su solución: “supongamos que tenemos un abrelatas”. El Estado implícito en su reporte se parece un poco a ese abrelatas.
Moldear mercados exige definir prioridades sin convertirlas en reparto de prebendas; coordinar sin asfixiar; ejercer discrecionalidad sin caer en la arbitrariedad; imponer condiciones a actores dominantes y hacerlas cumplir; experimentar, aprender y autocorregir; distinguir una apuesta estratégica de un capitalismo de cuates disfrazado de política industrial.
El reporte reconoce esas dificultades. Pero las trata en términos de diseño e implementación, no como restricciones políticas que comprometen la viabilidad de su propuesta. Ahí está el detalle: buena parte de lo que su receta necesitaría para funcionar en México aún hay que construirlo -o acaso reconstruirlo-
La escuela del “emprendimiento público” entiende los mercados menos como mecanismos neutrales que como espacios donde se disputan reglas, ventajas y rentas. Pero ese realismo económico respecto al mercado no viene acompañado de un realismo político equivalente respecto al Estado. Dirigir inversiones, condicionar apoyos o concentrar recursos no es un asunto sólo de arquitectura institucional: implica resolver quién decide, con qué margen, frente a qué intereses y, sobre todo, bajo qué controles y con qué capacidades efectivas.
El cuestionamiento que el caso mexicano les devuelve entonces a Mazzucato y Merling no es qué debe hacer el Estado, sino cómo hacerlo dadas las condiciones en que opera el Estado mexicano realmente existente: fragilidad fiscal, poderes económicos y criminales capaces de boicotear o capturar la acción pública, un sistema de justicia muy debilitado, una administración pública de calidad muy dispareja, un Ejército con intereses empresariales propios, órganos técnicos desmantelados, una democracia erosionada...
En suma, México no tiene el abrelatas. La cuestión es si puede crearlo al tiempo que intenta abrir la lata.
Por Carlos Bravo Regidor
@carlosbravoreg