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La relación de México y Cuba es histórica, ciertamente, y parte importante del mito nacional
00:10 viernes 13 febrero, 2026
Colaboradores
Más allá de la opinión que se tenga respecto a la ayuda mexicana a Cuba, pese a las objeciones del gobierno estadounidense, queda una pregunta fundamental: ¿puede México darse el lujo de abrir otro frente en la que ya es de por sí una relación complicada y cada vez más delicada?
La relación de México y Cuba es histórica, ciertamente, y parte importante del mito nacional. El apoyo a Cuba frente a las presiones estadounidenses resulta una reacción casi natural. Pero hay o puede haber costos.
Por un lado, la posibilidad de que el gobierno cubano ofrece aperturas económicas y políticas para ofrecer un importante y algo más que simbólico triunfo al gobierno del presidente Donald Trump sería una salida a la crisis que ahora agrava la situación de los cubanos.
El precedente de Venezuela es importante. El secuestro/arresto del presidente Nicolás Maduro, a principios de enero pasado durante un operativo militar estadounidense en Caracas, dejó en su lugar la estructura político-militar del gobierno venezolano, pero con condiciones económicas y compromisos de apertura política.
Pero hay mucho camino que recorrer.
En Cuba la situación podría ser similar, aunque parecería dudoso que no hubiera renuencia del actual presidente, Miguel Díaz-Canel, y otros miembros de la nomenklatura cubana que presuntamente serían enviados al exilio.
Pero un arreglo de ese tipo suavizará, si no eliminaría, el actual bloqueo económico y naval de la isla, con la posibilidad de una transición tan deseable como se quiera, pero muy complicada por las aspiraciones y exigencias de grupos cubano-estadounidenses que desearían cambios inmediatos y presionaron por ellos.
Un período de transición, sin embargo, sería el más deseable de los resultados, con la idea de prevenir el desmoronamiento institucional de la isla y el caos resultante.
En ese marco habría que determinar el papel de México, que junto al drama cubano ve el desarrollo de negociaciones tendientes a definir el futuro del tratado comercial México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) y las modalidades de su relación económica con los EU.
Para los más extremos de los grupos cubano-estadounidenses, la ayuda mexicana, humanitaria que sea, es una interferencia indeseable en un proceso que el gobierno estadounidense y ellos creen que va a terminar irremediablemente con la caída del régimen cubano.
El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido cuidadoso, pero no ha dejado de denunciar lo que ve como injusticia del bloqueo naval que, junto con presiones políticas, ahora evita la llegada de petróleo y agrava la ya delicada situación económica de la isla.
El asunto es tanto más complicado por cuanto México parece el único respaldo internacional que se refleja en apoyos más reales que verbales.
Queda ahí, pues, la duda de qué tan lejos puede o debe llegar el gobierno mexicano en su relación actual con Cuba sin afectar sus relaciones con Estados Unidos.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE