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Es sabido que el desafuero del Cuau no procedió por el blindaje que le brindaron varios hombrecitos muy cabales de los que mandan en la cámara baja
00:10 sábado 29 noviembre, 2025
Colaboradores
Es una monserga, pero uno tiene que volver periódicamente a estos asuntos, los de la misoginia oficialista, por dos personajes.
Uno es el Cuau. Ya sabemos: libró el desafuero luego de la acusación de su hermanastra y siguió como diputado sin, aparentemente, una entrega que digamos muy de ética protestante al trabajo, aunque sí al pádel, al que en todo caso, piensa uno luego de lo que vimos el Día de la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres, tal vez debería dedicar incluso más tiempo. Ese martes, le mandó un beso a la diputada Martha Aracely Cruz, que le exigió que saliera de San Lázaro, mientras lo acusaba de “violentador”. Y sí, salió. Luego lanzó un comunicado diciendo que no era su intención burlarse de la diputada, que de todas maneras decidió denunciarlo ante la Comisión de Ética.
¿Quieren hacer una apuesta segura y ganarse una lanita? Apuesten a que las consecuencias del beso, como ilustra el intento fallido de desafuero, serán igual a cero. La verdad, uno puede dudar de expresiones demasiado grandes como “pacto patriarcal”… Hasta que aparecen los diputados de Morena. Es sabido que el desafuero del Cuau no procedió por el blindaje que le brindaron varios hombrecitos muy cabales de los que mandan en la cámara baja, que cabildearon unas veces, y amedrentaron otras a sus compañeras de bancada, para rescatarlo.
El otro personaje es Noroña, un caso de estudio que podríamos anclar en la estadística. Sabemos que al senador se le da lo de gritar y lanzar amenazas. Pero esas amenazas son, en muy alta proporción, y en contraste con sus actitudes frente a –va de nuevo– Alito, dirigidas a las mujeres que trabajan con él en el Senado, caso de Lilly Téllez, que al parecer lo tiene obsesionado, o a las que no, como Grecia Quiroz, la viuda de Carlos Manzo, hoy presidenta municipal de Uruapan, a la que, el mismo día 25, acusó de instrumentalizar la muerte de su marido para hacer carrera política y etiquetó de fascista, ai’ nomás.
Tampoco hay por qué sorprenderse. El padre fundador de este movimiento, cuya impronta puede verse en toda la militancia morenista, dijo alguna vez que no quería hablar de un feminicidio porque eso distraía a su audiencia de los asuntos importantes de la agenda, como dijo que las mujeres son unas magníficas cuidadoras de los viejitos, y como dijo que el feminismo era un movimiento de nuevo cuño diseñado para perjudicarlo. Otra vez, uno se replantea lo del pacto patriarcal.
Desde luego, no es solo un problema de masculinidades. Conviene recordar que muchas de las diputadas de Morena no solo votaron contra el desafuero, sino que acuerparon, literalmente, al Cuau, y que la reconvención de la presidenta a Noroña, lo de “hay que tener sensibilidad”, es, francamente, demasiado suave. En efecto, los machirulos, si son chairos, no están solos.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09