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Tras algunos octubres de ausencia por Juárez y pese a la renovación de fuentes periodísticas en ambos lados, la historia no cambia
00:10 martes 6 octubre, 2026
Colaboradores
Ciudad Juárez.- La droga es un caudal imparable que corre de sur a norte y esto no es un mito, como la narrativa que nos venden el gobierno de Estados Unidos y el de México. En la línea limítrofe entre Ciudad Juárez, Chihuahua y El Paso, Texas, el flujo de soda (cocaína) es una realidad insuperable gracias al discurso y mandato de Donald Trump.
Tras algunos octubres de ausencia por Juárez y pese a la renovación de fuentes periodísticas en ambos lados, la historia no cambia; por esta puerta fronteriza del norte de México entra droga al por mayor destinada a los consumidores estadunidenses.
“Por la frontera sur (colindante con México) ya no pasa nada”, es la frase recurrente del presidente de Estados Unidos para ufanarse de la edificación de su muro fronterizo que se sigue construyendo sobre los lomos de tierra en una extensión de más de 3 mil 500 kilómetros que divide a los dos países.
No hay nada más alejado de la verdad en la frontera que los discursos políticos de Trump sobre su guerra contra las drogas y específicamente las sintéticas manufacturadas con fentanilo.
Ingresar legalmente a Estados Unidos por los distintos puertos de Juárez, caminando o en automóvil, es muy fácil. Esto último lo señalo porque en el proceso transfronterizo las revisiones minuciosas son muy, pero muy escasas y por ende entra mucha, pero mucha cocaína en vehículos e ingresan miles y miles o millones de pastillas fabricadas con fentanilo revueltas en medicina recetada médicamente o en los bolsillos del pantalón, en bolsos de mano de mujeres y en mochilas de niños.
“¿Nada que declarar?” Es la pregunta que hacen los agentes migratorios a los miles de conductores de autos y de mujeres y hombres que como hormigas no dejan de cruzar de Juárez hacia El Paso.
-No, nada; responde la mayoría tanto de choferes como de peatones.
-Pásele, responden los agentes migratorios gringos que con su cara de malos amigos pretenden cumplir con el mandato racista de Trump enfocado a depurar de “criminales” al flujo transfronterizo.
“No podemos con la tarea y menos ahora. Las inspecciones son aleatorias porque muchos agentes migratorios, de nosotros (DEA), del FBI y otras agencias federales, andan por varias ciudades del país buscando, correteando y atrapando indocumentados. Observa que a uno que otro auto se le detiene para inspección minuciosa, pero al resto se le deja pasar y entre todos esos miles de vehículos entra mucha cocaína. Lo mismo ocurre con las personas que trafican pastillas. Esta es la realidad de la frontera, lo otro es politiquería y nada más”, comenta a este tecleador el agente federal estadunidense mientras juntos observan el flujo de vehículos y de personas en el puente libre que divide y conecta a Juárez con El Paso.
Desde que Trump volvió a tomar las riendas de la Casa Blanca por segunda vez y que se endosó la tarea de abatir el consumo de opioides, por Juárez el crimen organizado mexicano intensificó el trasiego de cocaína procedente de Sudamérica.
“La cocaína está de moda otra vez, el precio de esta droga bajó dramáticamente en los últimos dos años porque pasa mucha debido a que no hay tanta revisión en los puentes transfronterizos por la falta de personal. ¡Qué lejos está la Casa Blanca de la realidad de aquí en la frontera!”, lamenta el agente federal estadunidense.
Por: J. Jesús Esquivel
@JJesusEsquivel