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"Es variado el número de migrantes. Hace unos días llegaron 20. Poco a poco se va incrementando”
10:00 domingo 2 agosto, 2026
México
El flujo migratorio hacia Coatzacoalcos se ha vuelto sorpresivamente impredecible. La Casa del Migrante de la Pastoral de Movilidad Humana tuvo que abrir una convocatoria de ayuda para conseguir insumos, alimentos, ropa y artículos básicos. Además, inició un taller para voluntarios.
En la casa-albergue, el ir y venir de voluntarios y religiosos es constante. Preparan alimentos, reciben a los viajeros y les dan de comer, procuran su descanso y de paso escuchan sus historias, en ocasiones no muy gratas. Algunos son asaltados en el camino, otros llegan cansados de una travesía que incluye largas caminatas.
El intenso calor que llega a ser de más de 30 grados y con sensaciones térmicas elevadas, termina siendo insoportable en el trayecto para muchos, que llegan deshidratados, enfermos y hambrientos.
Para el sacerdote Joel Ireta, quien es encargado del albergue e integrante de la comunidad diocesana, el endurecimiento de las políticas migratorias del gobierno de Donald Trump, con las redadas del ICE y el reforzamiento de la vigilancia en la frontera con México, obligaron una disminución, pero fue momentánea.
Es variado el número de migrantes. Hace unos días llegaron 20. Poco a poco se va incrementando”, dijo.
Explicó que en su mayoría son de Honduras. Algunos en un viaje por primera vez, otros que ya fueron deportados pero su desesperación los hace volver a intentarlo. También dijo que la mayoría son varones jóvenes, que las familias han disminuido, acaso porque temen a la violencia en la ruta o por la situación que prevalece con las autoridades migratorias estadounidenses.
El sacerdote detalló que muchos migrantes avanzan con la idea de llegar a Monterrey o Ciudad de México, donde podrían quedarse si no logran continuar hacia Estados Unidos.
Y debido al incremento en el flujo de migrantes, la Diócesis de Coatzacoalcos no sólo está en periodo de reforzar al número de personas que atienden la casa migrante, sino que se disponen a iniciar un nuevo proyecto que es un centro de escucha especializado para víctimas de violencia, abusos y agresiones durante su tránsito por la región.
Actualmente, la Casa del Migrante opera con cerca de 50 voluntarios, pero el sacerdote explicó que el incremento reciente en el flujo migratorio y la llegada de personas en situación de trauma obligaron a ampliar el equipo y profesionalizar la atención.
Todo el año organizamos talleres… hoy dirigidos a los nuevos integrantes. Cómo acogerlos, cómo servirles y cómo evangelizar a la población migrante.”, explicó el religioso.
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Con información de Excélsior