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La vida, tan generosa conmigo, me ha permitido visitar varias veces esa ciudad, unas por chamba, otras por vacaciones
00:00 domingo 26 abril, 2026
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Luego de dudar con Berlín y Lisboa, opciones muy seductoras, el Doctor Patán, gratamente asombrado por las prestaciones que da a los ciudadanos la Cuarta Transformación de la Vida Pública con su Servicio Diplomático del Bienestar, ha decidido pasar una temporada en Londres. Unos seis meses, digamos. La vida, tan generosa conmigo, me ha permitido visitar varias veces esa ciudad, unas por chamba, otras por vacaciones, y, sin menoscabo de, digamos, la gloria de la Gran Tenochtitlán, las aportaciones inmarcesibles de los Tuxtlas y, sobre todo, la belleza indómita de Tlaxcala, tremendo enclave humanista, he podido comprobar lo que aseguraba mi madre, una mujer forjada en las izquierdas que sin embargo solía decir: “Inglaterra es una civilización superior”. Así que ahí voy, con el permiso de mis jefes, a una verdadera inmersión cultural. Lo tengo todo planeado. Primero, avión de British a Heathrow. Nada más llegar, y dado el precio de los taxis locales, pero sobre todo dado el tráfico londinense, tren y metro. Arrastrar la maleta no será un problema. Cuando tienes servicio de lavado de ropa, puedes llevar un equipaje ligero: tres mudas y una chamarra deben ser suficientes. Ni voy a tener que documentar.
Del metro, directo a la embajada. Está muy chulo por ahí, créanme. Belgravia es una zona fifí, así que nuestra misión diplomática puede considerarse una pica progresista en el Flandes imperial. Pero no se nota lo progresista. La casa está muy bien puesta, como podrá confirmarles mi Patrick Marcelo. Pasaporte en mano, sin más, a tocar la puerta: –Buenas tardes. Vengo a buscar a don Alejandro. –¿A quién? –Don Alejandro. El señor embajador. –Ah, Sir Alexander. Permítame. Solo déjeme ver su pasaporte. Tres minutos después, apretón de manos con el embajador, mayordomo dando órdenes para que me lleven la maleta y ¡bum!: al cuarto del Patrick, siempre que algún otro ciudadano mexa de viaje por esos rumbos no se me haya adelantado. Me puedo imaginar los meses por venir. Desayuno inglés con Sir Álex, paseo por Kensington, selfie en el parlamento, sacos a medida en Saville Row, whisky junto a la chimenea por la tarde con una novela, pub en la noche para darse un baño de pueblo, partido del Arsenal de vez en cuando. En fin: lo que puede permitirse, hoy, cualquier becario mexicano por aquellas tierras, o en cualquier tierra donde haya una representación patria, gracias al nuevo servicio exterior. Ya entiendo por qué hay tanto actor que tiene la sangre roja y el corazón a la izquierda. Esto es la gloria. Termino con una consulta: ¿qué regalo podría traerle a don Marcelo? Es necesario agradecerle que nos haya abierto los ojos a esta oportunidad a ti, a él, a ella, a mí. A todo el Pueblo Bueno. ¿Una de esas playeras con el estampado de la Union Jack y la leyenda “Father of the Year”?
POR JULIO PATÁN Únete a nuestro canal de WhatsApp para no perderte la información más importante 👉🏽 https://gmnet.vip/7Be3H