Vínculo copiado
#ESNOTICIA
#ESNOTICIA
Aunque Musk ha invertido unos 460 millones de dólares en apoyos a candidatos republicanos en las elecciones legislativas del próximo martes
22:20 viernes 30 octubre, 2026
Colaboradores
El hombre más rico del mundo, el primero en amasar una fortuna, así sea de papel, superior al millón de millón de dólares y ciertamente mayor que el producto nacional bruto de muchos países, se convirtió ya en una fuerza de impacto desconocido en las elecciones estadounidenses.
Aunque Musk ha invertido unos 460 millones de dólares en apoyos a candidatos republicanos en las elecciones legislativas del próximo martes y, según algunas cuentas, tantos como 160 millones sólo para reforzar la campaña de Ken Paxton, candidato republicano a senador por Texas, al que se considera en peligro de perder a pesar de una enorme ventaja financiera.
Ciertamente, no sería difícil considerar a Musk como un hombre interesado en la política. Lo es. Y también como alguien, quién sabe si de derechas o simplemente definido por sus intereses económicos. O con un nostálgico deseo de recrear la Sudáfrica en que creció antes de mudarse a Canadá, antes de que terminara el régimen del apartheid y Nelson Mandela llegara al poder.
Nadie puede restarle méritos, ni agregarle defectos al que fuera un inmigrante indocumentado que en el lapso de 30 años no sólo construyó Tesla y empujó el cambio a los vehículos eléctricos, que creó Space X y es ahora uno de los principales acarreadores de satélites al espacio, que hizo la empresa Starlink y la convirtió en un enorme proveedor de servicios de comunicación y adquirió la empresa de Twitter para convertirla en X, una de las mayores redes sociales del mundo.
Pero también el hombre responsable por la ejecución de la irresponsable forma de reducir y modificar el gobierno de Estados Unidos a través del Departamento de Eficiencia Gubernamental.
Este fue creado para literalmente jugar a desarmar una maquinaria burocrática que, si bien necesitaba –y necesita– correcciones en muchos sentidos, no puede ser simplemente demolida.
Tampoco podrían dejar de pensarse que él, y su presunta nostalgia de Sudáfrica, la del privilegio blanco, hubieran carecido de influencia en la visión del presidente Donald Trump, que acusó al régimen sudafricano de "genocidio" contra los blancos y promovió una política de refugio que no tiene nada de malo, excepto que en los últimos 18 meses el gobierno estadounidense no acepta otros refugiados que no sean blancos sudafricanos, y que la acusación por genocidio no parece tener relación con lo que realmente ocurre.
Musk tiene ciertamente mucho que ganar con los republicanos: sus contratos con el gobierno le han permitido lo mismo determinar el rumbo de la guerra de Ucrania al limitar el acceso ucraniano a sus comunicaciones y facilitar la instalación de centros de datos
Es un ejercicio de poder que ni siquiera tuvo el legendario J.P. Morgan, que al organizar el rescate financiero del gobierno estadounidense en 1907, llevó a la fundación de la Reserva Federal (Banco Central) en 1913.
Por lo pronto, la aparente influencia de Musk es rivalizada solo por la leyenda alrededor de la familia Rothschild.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1