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El dolor del gobierno del presidente Donald Trump es político. El del régimen iraní es físico, con una economía severamente golpeada
00:10 martes 28 abril, 2026
Colaboradores
Las negociaciones de paz entre Estados Unidos e Irán parecen cada vez más un juego en el que ganará quien parpadee primero, incluso para el inicio de conversaciones. Cierto que son sensaciones diferentes: el dolor del gobierno del presidente Donald Trump es político. El del régimen iraní es físico, con una economía severamente golpeada y una infraestructura dañada.
Para Trump y su equipo, es tratar de escapar de una situación que no ofrece alternativas de salidas que se vean bien, aunque a fin de cuentas y según el estilo político del mandatario, reclamará la victoria. Pero la realidad es que, de acuerdo con las últimas encuestas conocidas, el conflicto en Irán apenas alcanza el respaldo de un tercio de los estadounidenses, y la aprobación del gobierno Trump ronda por los mismos números.
En términos estrictamente legales, el gobierno Trump se acerca a un momento difícil: el viernes 1 de mayo vencerá el plazo de 60 días de ley para que deba pedir la aprobación del Congreso a operaciones militares en el extranjero. No es un absoluto y nunca se ha usado después de su promulgación a consecuencia de la guerra de Vietnam, pero hoy adquiere una nueva relevancia.
Así, los términos del hipotético reclamo de triunfo serán tan confusos como las motivaciones de la guerra: "Rendición incondicional.
Cambio de régimen. Alianza con el régimen para la imposición de aranceles al Estrecho (de Ormuz). Cerrar el estrecho. Abrir el estrecho. Sin armas nucleares. Con algunas armas nucleares. Sin misiles. Con algunos misiles. Aniquilación de la civilización. Alto el fuego. Guerra. Paz...", anotó un brutal mensaje de Gerald Baker, editor de The Wall Street Journal.
Pero no importa cómo lo presente, el control del Estrecho de Ormuz está en manos iraníes y el bloqueo estadounidense está justo afuera de esas aguas. En medio quedan aliados estadounidenses como Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. La situación iraní es diferente. Según se sabe, el nuevo gobierno es tan fanático y tan autoritario como el anterior, amén de ser el marco de luchas de poder, pero bajo la creciente influencia de la Guardia Islámica, que bien podría ser definida como una policía político-religiosa de seguridad interna.
El gobierno teocrático de Irán llegó al poder en febrero de 1979 y, menos de un año después, en noviembre, enfrentó su primera gran crisis político-diplomática con Estados Unidos: una turba de estudiantes iraníes se apoderó de la embajada estadounidense y 66 diplomáticos en Teherán por 444 días.
Esa toma llevó a la derrota del entonces presidente Jimmy Carter y el ascenso del republicano Ronald Reagan en las elecciones de noviembre de 1980. Hoy, el impacto del cierre del Estrecho de Ormuz, por donde pasa 20%del petróleo mundial, se siente ya en la economía global y la estadounidense. Los dos países están en vísperas de negociaciones, pero ninguno parece dispuesto a dar el primer paso más allá de la actual tregua.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE