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Trump ha usado el acceso al gigantesco mercado estadounidense como una palanca para negociar y obtener ventajas o imponer condiciones
00:10 viernes 28 agosto, 2026
Colaboradores
Las evidentes complicaciones entre Estados Unidos y Canadá en la negociación del acuerdo comercial norteamericano arrojan dudas sobre el futuro del tratado que incluye a México.
Sin embargo, parecería un tanto fuera de lugar afirmar que las negociaciones de México y Estados Unidos están acabadas. El hecho es que la dinámica de las relaciones entre los tres países y las presiones del presidente Donald Trump han llevado a que los trabajos para renovar el T-MEC se hayan convertido en dos negociaciones bilaterales separadas, en vías paralelas, aunque formalmente bajo el mismo manto.
Si por un lado la continuación de negociaciones parece un desarrollo más o menos positivo para México, la realidad es que pone sobre aviso a las autoridades mexicanas de algo de lo que ya estaban conscientes, pero tal vez no totalmente convencidas: que Trump y su gobierno no son confiables.
De acuerdo con reportes de prensa especializada, las negociaciones entre aquellos dos países estaban casi terminadas cuando el sábado el secretario de Comercio, Howard Lutnick, presentó nuevas demandas que el lado canadiense encontró inaceptables, en especial respecto a contenidos metalúrgicos en la industria automotriz.
En su conferencia de prensa del sábado, el primer ministro canadiense, Mark Carney, evitó hacer una referencia directa a la intervención de Lutnick, pero tras anotar que era una pregunta para el gobierno estadounidense, precisó de forma sibilina que el equipo canadiense estaba unido, pero "no se puede decir lo mismo de la administración de Estados Unidos".
En otras palabras, según esa versión, el gobierno estadounidense no está del todo unido en sus negociaciones comerciales, y eso no solo hace difícil tratar con ellos, sino que todo trato está sujeto a revisiones y más demandas, incluso hasta el momento de ser firmado.
De hecho, ha habido también reportes sobre choques entre Lutnick y Jamieson Greer, el representante presidencial estadounidense para Comercio Internacional (USTR), aunque ese tipo de situaciones parece una norma habitual entre las organizaciones que Trump ha encabezado. Pero en el caso del gobierno estadounidense, las consecuencias son mucho mayores.
Funcionarios canadienses han acusado a Estados Unidos de firmar sus tratados con lápiz, y esa no es exactamente una señal de compromiso sólido. Ni tranquilizante.
Trump ha usado el acceso al gigantesco mercado estadounidense como una palanca para negociar y obtener ventajas o imponer condiciones. No es agradable ni es equitativo, pero se vale, y depende de cada gobierno determinar qué tanto está dispuesto a ceder para mantener abiertas esas puertas.
El gobierno Carney parece apostar a que el proceso de integración norteamericana sobrevivirá, aunque sin duda maltrecho, al gobierno Trump. Las realidades económicas y geopolíticas lo determinan.
La apuesta del gobierno mexicano parece ser simplemente capear el temporal.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1