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La industria de la moda es millonaria y es, también, política. Sus hacedores han sido, a su vez, agentes de cambio
00:10 jueves 23 abril, 2026
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Si algo no esperaba de una serie documental titulada In Vogue: The 90s (Disney+) es que me arrancara una lágrima.
Concebidos de manera acaso un pelín oportunista por la revista Vogue a fin de aprovechar la notoriedad que la secuela de El diablo viste a la moda le prodiga, sus seis capítulos narran la transformación que operara en esa publicación la legendaria Anna Wintour, inspiración de Miranda Priestley. Los primeros cuatro son lo que imagina el lector: una boss lady exigente y visionaria, el ascenso de las top models, la estética de una época que abarca a Tom Ford pero también el grunge; los últimos dos sorprenden no sólo por su visión sociológica sino por su concepción de la moda y de Vogue como agentes de cambio me atrevo a decir político.
Titulado “El hip hop se adueña de la moda”, el quinto muestra como una Wintour que no asociamos a la música urbana ni a su estética comprende su relevancia sociocultural al punto de poner en valor la apropiación de los códigos de las grandes marcas por parte del diseñador de Harlem Dapper Dan y la revolución estética del streetwear, así como de abrir las páginas de Vogue a la ghetto fabulousness de Mary J. Blige, Lil’ Kim y Missy Elliot.
El sexto, “El momento estadounidense”, es en esencia no sólo un homenaje a Nueva York en tanto capital americana de la moda sino a los valores que la inspiran y trascienden: si en él coexisten la sexualidad fluida de la campaña de lanzamiento del perfume unisex cK One, el sueño aspiracional pero a fin de cuentas incluyente –gatsbyano y diverso– de Ralph Lauren y los valores feministas de una Donna Karan que contribuyera a hacer de Hillary Clinton un arquetipo boomer es porque esos valores son emblemáticos de la ciudad y, a fin de cuentas, de una Vogue que en buena medida la y los pone en papel.
En una triste y pertinente coincidencia, la serie debuta al tiempo que Zohran Mamdani anuncia que este año será el primer alcalde neoyorquino en décadas en no acudir a la Met Gala, evento tan asociado a Wintour y a Vogue que el capítulo 4 le está dedicado. La declaración viene a la saga de una medida fiscal propuesta –un impuesto adicional a los pieds-à-terre o propiedades que no constituyen una vivienda principal– expresada en un tono acaso más pugnaz de lo que a algunos nos gustaría pero sin duda histórica y afortunada. (La progresividad fiscal no está reñida con las buenas maneras, digo yo.)
El socialista democrático tiene por valor señero uno que le hace falta a Nueva York: el abatimiento de las desigualdades. Extraño que un político tan conectado con la cultura no vea que, en terrenos allende lo económico, Wintour, Vogue, la editorial Condé Nast y el Metropolitan Museum –bastiones todos del progresismo político– son sus aliados.
El verdadero diablo no viste de Prada; viste de MAGA.
POR NICOLÁS ALVARADO
COLABORADOR
IG y Threads: @nicolasalvaradolector