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La realidad es que, de acuerdo con todos los reportes, el trabajo de las Policías migratorias bajo Mullin ha sido aparentemente menos brutal
00:10 viernes 7 agosto, 2026
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De creer a la prensa política estadounidense, el secretario de Seguridad Nacional Markwayne Mullin está en problemas políticos porque los partidarios de la expulsión masiva de inmigrantes indocumentados creen que la menor visibilidad de sus operativos contra inmigrantes indocumentados implica que han sido menos exitosos que los iniciados por su predecesora, Kristi Noem.
La realidad es que, de acuerdo con todos los reportes, el trabajo de las Policías migratorias bajo Mullin ha sido aparentemente menos brutal, más respetuoso de apariencias y legalidades, pero no menos eficiente.
De acuerdo con el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), se han registrado 985,000 deportaciones, un millón de arrestos y 2.2 millones de autodeportaciones de personas sin autorización legal para radicar en Estados Unidos.
Pero de cualquier manera, son cifras por debajo de la meta de un millón de deportados anuales fijada por el subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller. Después de todo, fue uno de los temas de campaña electoral del presidente Donald Trump.
Los números tampoco reflejan el incremento de juicios de deportación –ganados o perdidos– impulsados por demandas de procedimientos apresurados y el despido de por lo menos 90 jueces de migración que el gobierno Trump consideró como lenientes.
Pero en alguna medida, pareciera que la postura de la derecha republicana es de operaciones visibles, de pogroms donde se vea la fuerza del gobierno estadounidense y la retórica sea de dureza extrema.
Los ataques contra Mullin se produjeron luego de que la noche del sábado pasado se dirigiera a la Asociación Nacional de Gobernadores de Estados Unidos para hablar sobre reforma migratoria.
Según Politico, buscó establecer diferencias entre los inmigrantes que buscan una situación legal y los que no, así como por cambios en las visas de trabajo "para hacer frente a la escasez de mano de obra".
Todo ello, agregó después, "sin amnistía para inmigrantes ilegales".
Pero al parecer la idea de que la campaña contra indocumentados no involucre exhibiciones públicas de fuerza como las que llevaron a la obligada dimisión de Noem en marzo, tras la muerte de varias personas, incluso dos ciudadanos estadounidenses en Minneapolis, y una baja en la aprobación pública del presidente Trump, parece no preocupar a la derecha republicana.
Los ataques emanaron lo mismo de Steve Bannon, un operador político que se considera como allegado al movimiento trumpista, que de Greg Bovino, exjefe de la Patrulla Fronteriza obligado a renunciar junto con Noem y considerado como uno de los autores de la estrategia de confrontaciones.
Para la derecha republicana, lo que se hace contra los inmigrantes indocumentados es insuficiente y debe ser reforzado, pero la idea parece cada vez menos bienvenida por el resto de los estadounidenses.
Y a tres meses de las elecciones legislativas de noviembre, eso implica satisfacer a la base electoral o chocar con una mayoría en desacuerdo.