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Los hermanos Manuel Roberto y Fernando Farías Laguna no son los líderes de la red de huachicol fiscal
00:10 sábado 22 agosto, 2026
Colaboradores
¿Quién sería tan ingenuo como para pensar que dos marinos tejieron el entramado de corrupción más grande en la historia de México?
¿Dos marinos fueron capaces de articular al SAT, Aduanas, Marina, Comunicaciones y Transportes, Guardia Nacional, Pemex…? ¿Dos marinos tuvieron ese poder y se fueron por la libre? ¿Nadie arriba de ellos vio nada? ¿Nadie supo nada?
Los hermanos Manuel Roberto y Fernando Farías Laguna no son los líderes de la red de huachicol fiscal que generó un boquete de, al menos, 600 mil millones de pesos. No tenían ni la posición ni el alcance para serlo.
Primero, porque no se mandaban solos. Sus entonces sobrinos políticos (el vínculo familiar ya está disuelto) no tenían atribuciones para tomar decisiones sin consultar y recibir autorización de su superior jerárquico, el secretario de Marina, Rafael Ojeda. Y Ojeda solo tenía un jefe: el presidente López Obrador.
Los hermanos Farías se han convertido en chivos expiatorios. Les cargan todas las culpas. Son los villanos. Manuel Roberto tiene más de nueve meses recluido en el Altiplano. Su hermano, Fernando, llegó ya a México, deportado desde Argentina. La manera en que se realizó la gestión para su traslado, ilustra.
Está columna tiene en su poder documentos que muestran cómo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum estuvo enterada de que la extradición de Fernando Farías Laguna no prosperaría en tribunales argentinos.
Fracasada la vía de la extradición, el gobierno mexicano pidió ayuda a EU a través del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, apreciado por el gobierno de Trump y visto como el hombre más confiable del gabinete por las agencias de seguridad estadounidenses, y entonces apareció la salida política.
Para el gobierno de Sheinbaum, el Tratado Bilateral de Extradición dejó de ser una herramienta y se convirtió en un obstáculo para los políticos que perseguían: tener a ambos Farías detenidos en México.
El desistimiento fue, en los hechos, el reconocimiento de que por la vía diplomática y judicial no podrían extraditar a Fernando Farías.
Pero hay más.
Estados Unidos intervino para destrabarle el problema al gobierno mexicano.
La pregunta es inevitable: ¿qué ofreció México a cambio? ¿Quién pagará el favor?
La urgencia por cambiar la conversación ante la avalancha que envuelve a Morena y varios de sus políticos señalados de vínculos con el narcotráfico, terminó imponiendo una decisión política sobre una estrategia jurídica.
Dado ese paso, el contraalmirante quedó a disposición de las autoridades migratorias argentinas y pudo ser deportado a México.
Pero la historia apenas comienza. Porque los Farías Laguna pueden convertirse en reflejo de la ineficiencia o corrupción del sistema de justicia mexicano. ¿Quién comprará la historia de que dos hermanos, un vicealmirante y un contralmirante se mandaron solos y fueron los artífices de la mayor red de corrupción en la historia de México?