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Sabemos que el Chapo escapó y volvieron a arrestarlo. Este documental nos hace sentir que nada de eso estaba escrito
00:01 miércoles 4 noviembre, 2026
Colaboradores
Las cámaras de seguridad del Altiplano registran una noche cualquiera. Los custodios van y vienen. Los monitoristas miran sus pantallas. El Chapo Guzmán está acostado en su celda. De pronto se pone de pie para acercarse a la regadera, ve algo, regresa para ponerse unos tenis, acomoda sus sábanas, vuelve a la regadera… y se esfuma. Nadie parece advertirlo. Pasan largos, agonizantes minutos. Cuando el personal del reclusorio finalmente se da cuenta, las imágenes muestran la ansiosa danza de su desconcierto. Sabemos cómo termina la historia. Pero verla así, minuto a minuto y desde dentro, la vuelve —de tan real— casi imposible de creer.
Es una secuencia de Operación Cisne Negro, la serie documental dirigida por Héctor Laso para N+ Docs, disponible en ViX. Su archivo audiovisual es asombroso. Reunir ese material ya constituye, en sí mismo, un logro periodístico. Pero convertirlo en una narración tan absorbente es, además, una hazaña cinematográfica.
La fuga exigió una proeza de ingeniería criminal, pero también una sucesión de decisiones oficiales inexplicables. Demasiadas precauciones omitidas, demasiadas señales ignoradas. ¿Negligencia, complicidad o ambas? Once años después, quienes estaban al frente de las instituciones siguen sin tener respuestas convincentes. La serie reconstruye con precisión cómo escapó el Chapo; deja abierta la pregunta de cómo fue posible que escapara.
El segundo episodio invierte la perplejidad. El Chapo que desapareció sin que nadie lo viera se convierte ahora en el objetivo de una búsqueda incansable. Las autoridades le siguen el rastro por la inmensidad de la sierra con un despliegue tecnológico extraordinario. Parece que estuviéramos en otro país. Pero no, es el mismo y han pasado apenas unos meses entre la fuga y la cacería. ¿Cómo explicar semejante disparidad entre las capacidades que fallaron estrepitosamente para mantenerlo preso y las que se despliegan para recapturarlo?
Da la impresión de que nada escapa al poder de vigilancia de sus perseguidores. Pero esa aparente omnisciencia tiene límites y condiciones. Sobre el terreno, además, la superioridad técnica tropieza con una geografía indomable y un mundo social que protege al fugitivo. Cuanto más depende de otros para mantener su clandestinidad, no obstante, más huellas deja. Las autoridades aprenden a leerlas y a presionarlo para que salga de su escondite.
En Los Mochis, la historia da un giro francamente literario. Tras irrumpir en la casa a la que se había trasladado, la Marina vuelve a perder al Chapo por un túnel que desemboca en el drenaje. El operativo parece haber fracasado. Veinte minutos de lluvia lo obligan a salir a la superficie, literal, por una coladera. El primer automóvil que roba se descompone. Se apodera entonces de otro, pero su propietaria denuncia el robo y unas patrullas consiguen interceptarlo. La fortuna, que tantas veces le sonrió al Chapo, termina abandonándolo.
Los desenlaces tienen el poder de falsear el pasado. Consumada la fuga, cada omisión parece anunciarla; conseguida la recaptura, hasta los tropiezos se acomodan en la historia de una operación exitosa. Laso destriuye esa ilusión de inevitabilidad. Nos devuelve la certeza de que la realidad es impredecible, de que la trama siempre se está escribiendo sobre la marcha y, por ende, puede tomar otros rumbos. Operación Cisne Negro tiene la virtud de transmitirnos hasta qué punto, en la fuga y la recaptura del Chapo, lo que sucedió pudo perfectamente no haber sucedido.
POR CARLOS BRAVO REGIDOR
COLABORADOR
@carlosbravoreg