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Y por supuesto, el programa The Apprentice (el aprendiz), que le permitió consolidar la imagen de ejecutivo exitoso y decisivo
00:10 miércoles 6 mayo, 2026
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De acuerdo con los humoristas, el presidente Donald Trump quiere poner su cara y su nombre en todos lados. De acuerdo con sus partidarios, el mandatario merece tener su cara y nombre en todos lados.
Durante años, Trump se consideró como un maestro de las marcas personales, el hombre que puso su nombre y apellido lo mismo en camisas y corbatas que en hoteles y filetes, edificios, aerolíneas, casinos, universidades, biblias, criptomonedas, concursos de belleza, campos de golf.
Y por supuesto, el programa The Apprentice (el aprendiz), que le permitió consolidar la imagen de ejecutivo exitoso y decisivo. Amazon y Donald Trump Jr. discuten la posibilidad de relanzar el programa.
Ahora, presidente de los Estados Unidos, Trump está al parecer en una gesta similar, sólo que esta vez con la ayuda de colaboradores que más bien parecen cortesanos, y se trata de los edificios del gobierno federal, su firma en los billetes, su foto en los pasaportes, los centros culturales, los aeropuertos, y aprovecha el 250 aniversario de la Independencia para "ponerlo" hasta en las monedas conmemorativas.
El tema es complicado, porque la realidad es que Trump es una verdadera ave de tempestades. Si bien es cierto que su popularidad es cada vez más baja, muchos estadounidenses parecen dispuestos a aceptar lo que sea, siempre y cuando salga de él, y lo mismo comprar su mercancía que vitorear acciones que sus críticos consideran de mal gusto y hasta rayanas en la corruptela.
Los boletos emitidos por el servicio de parques nacionales para visitar las reservas naturales protegidas por el gobierno. Este año los pases llevan los rostros del fundador George Washington y del presidente Donald Trump. El rechazo alcanzó tal volumen que el servicio de parques informó que no aceptará los boletos o pases que lleven borrado o tapado el rostro del mandatario,
Algunos dicen que se trata de una cuestión de hacer sentir su paso por la presidencia; otros, que se trata, simplemente, de asegurar que su legado sea visto y respetado por las siguientes generaciones. Pero el hecho es que cualquiera sea la versión correcta, nadie jamás ha dicho que Trump sea un hombre que se avergüenza de sí mismo o se ponga límites.
Trump ha ido de vender relojes a aceptar sin rubor homenajes en vida, como la designación con su nombre de un tipo de barcos de guerra, la “Clase Trump“, que aún deben construirse pero que "será la mayor, más mortífera y más versátil nave de Guerra en cualquier lugar, cualquier océano del mundo “, dijo en diciembre el entonces secretario de la Marina, John Phelan, despedido hace apenas un par de semanas por el ahora, secretario de Guerra, Peter Hagseth.
Trump ha coqueteado también con la idea de rebautizar como “estrecho de Trump“ el llamado estrecho de Ormuz, que ha sido usado por miles de años y hoy está en el centro de su Guerra contra Irán.
Como empresario, Trump buscaba poner su nombre y su marca como sinónimos de riqueza, de triunfo y de excepcionalidad. Como presidente, como señal de su poder y su deseo de trascender.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS