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No es un tema menor para México. Lo que le pasa a Canadá nos pasa a nosotros
00:10 jueves 23 julio, 2026
Colaboradores
Donald Trump ha vuelto a hacer lo que mejor sabe: usar los aranceles como arma política. Más allá de la organización del Mundial FIFA 2026, y de los buenos momentos que vivió América del Norte los últimos 40 días, ahora el blanco es Canadá. Otra vez. En pleno proceso de revisión del T-MEC, y bajo su nuevo esquema de revisiones anuales, Washington ha decidido continuar el hostigamiento hacia su socio del norte.
No es un tema menor para México. Lo que le pasa a Canadá nos pasa a nosotros.
El T-MEC fue diseñado como un tratado de certidumbre a largo plazo. De integración profunda. De reglas claras para que una empresa en Querétaro, en Detroit, o en Ontario, sepa que puede invertir a 10 años, sin que un tuit le cambie la ecuación. Al imponer aranceles unilaterales y convertir la revisión anual en un mecanismo de presión permanente, Estados Unidos rompe ese principio básico: la confianza.
Trump apuesta a la lógica del desgaste. A tener a Canadá y a México siempre a la defensiva, negociando cada año lo que ya se había negociado. Es una estrategia de negociación inmobiliaria, llevada a la geopolítica: amenazar para extraer.
¿Funciona? En el corto plazo sí. Genera titulares. ¿Genera inversión? No. Genera lo contrario: parálisis.
Y aquí está el punto central: en un entorno de hostigamiento arancelario, la única forma de dar certidumbre y generar confianza, es la comunicación oportuna, con claridad y transparencia.
Cuando el mercado no sabe si mañana habrá un 25% de arancel para la madera, el acero, a los lácteos o a los autos, lo que necesita no es un discurso triunfalista, sino información precisa. ¿Qué se está negociando? ¿Qué está en riesgo? ¿Cuál es la ruta legal? ¿Vamos juntos Canadá y México o cada quien por su lado?
Por eso cobra relevancia lo que México ha hecho bien en estas semanas. Mientras Washington sube el volumen, México y Canadá han optado por bajarlo y hablar. La gira del canciller Roberto Velasco a Ottawa, operada por el embajador Carlos Joaquín González, con reuniones con la ministra Anita Anand, y con el equipo del Primer Ministro, Mark Carney, es exactamente lo que se necesita: alinear a los dos socios que son presionados, revisar a detalle el Plan de Acción 2025-2028, y mandar una señal al mercado de que Norteamérica sigue funcionando a pesar del ruido de Washington.
Esa debe ser la doctrina mexicana en esta revisión anual permanente:
Uno: Unidad táctica con Canadá. No podemos caer en la tentación de que México se salve solo a costa de Canadá, o viceversa. Si nos dividen, nos cobran doble. La historia del T-MEC demuestra que cuando Ottawa y Ciudad de México llegan con posición común a Washington, Washington escucha.
Dos: Transparencia total con el sector privado. El peor arancel es la incertidumbre. El gobierno debe informar en tiempo real a la industria automotriz, acerera, agroalimentaria, qué se está discutiendo, y cuál es el plan B. La comunicación oportuna no es debilidad, es el antídoto contra la especulación.
Tres: Claridad jurídica. Todo arancel que viole el T-MEC, debe ser impugnado. No con declaraciones, sino con paneles, con mecanismos del tratado. Darle certeza al inversionista de que en América del Norte hay ley, no capricho.
Trump impondrá más aranceles. Esa es una certeza. Viviremos al menos tres años de revisiones anuales, de amenazas, de negociaciones al límite.
México no puede controlar a Washington. Pero sí puede controlar lo que comunica, cómo lo comunica y con quién hace alianza.
Ante el hostigamiento, no hay mejor respuesta que la seriedad. Ante el ruido, datos. Ante la amenaza, bloque norteamericano.
La certidumbre no la va a dar Estados Unidos. La tenemos que construir nosotros, con Canadá, con claridad y con transparencia.
X: @Fernando_MoraG
www.fernandomoraguillen.com.mx
- Maestro en Comunicación Institucional por la Universidad Panamericana.