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La forma en que fueron eliminados estos dos operadores del Cártel de Sinaloa tiene la marca del tipo de ejecuciones quirúrgicas que realiza
00:00 martes 19 mayo, 2026
Colaboradores
Washington.- La CIA sí opera en México. Aunque lo niegue la presidenta Claudia Sheinbaum, la evidencia más clara e irrefutable es el incidente en Chihuahua en el que murieron dos agentes de la agencia de espionaje de Estados Unidos. Punto.
Los reportajes de los medios de comunicación estadunidenses CNN y The New York Times sobre la presunta participación de la CIA en logística, ubicación y preparación de la ejecución de Francisco Beltrán “El Payín” y de Humberto Rangel Muñoz con un coche bomba el pasado mes de marzo en Tecámac, Estado de México, irritó notablemente a la presidenta Sheinbaum por su difusión y por ser cuestionada sobre eso. La forma en que fueron eliminados estos dos operadores del Cártel de Sinaloa tiene la marca del tipo de ejecuciones quirúrgicas que por décadas ha llevado a cabo y sigue instrumentando la CIA en América Latina, África, Europa y el Medio Oriente.
A nadie sorprendió que Omar García Harfuch, secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana (SSPPC) rechazara rotundamente lo publicado primero por CNN. Tampoco que Liz Lyons, la vocera de la CIA lo negara a través de un mensaje en la plataforma de X con el que descalificó el contenido la publicación y la tildó de sensacionalista. Nadie es ingenuo para pensar que el gobierno de México iba a admitir que la CIA opera en México y que colabora con ella. Mucho menos para esperar que la agencia de espionaje estadunidense aceptara estar llevando a cabo ejecuciones extrajudiciales en el extranjero. Piensen un poco: si Sheinbaum o García Harfuch admitieran públicamente las acciones clandestinas de la CIA en México o la colaboración con ésta para aniquilar a criminales, la presidenta y el titular de la SSPPC incurrirían abiertamente en los delitos de traición a la Patria que la gobernadora panista de Chihuahua, Maru Campos, pudo cometer con el caso de los dos agentes de la CIA que murieron en el desbarrancamiento en la sierra del automóvil en el que viajaban. Ahora bien, la presidenta en su afirmación de decir que la CIA no opera en México también se contradijo. A qué me refiero: a que admitió que por medio de los convenios diplomáticos con Estados Unidos hay en México agentes de la CIA y de las demás agencias de inteligencia de ese país, aunque acotados al cumplimiento de la Ley Nacional de Seguridad. Los agentes de la CIA registrados ante el gobierno de México operan, si no para qué los mandó su gobierno. Que la presidenta Sheinbaum no admita que desconoce la verdadera agenda de operaciones clandestinas y políticas de la CIA es otra cosa. Los agentes de la CIA son espías secretos, su entrenamiento y naturaleza no les permiten develar sus verdaderas intenciones ni acciones al gobierno de México ni al de ningún otro país. De hacerlo, los agentes de la CIA estarían cometiendo traición a su Patria y podrían ser acusados de contra espionaje, delito que se paga con cadena perpetua o pena capital. La traducción de todo lo anterior es simple: la CIA le miente y le ha mentido siempre a los gobiernos mexicanos sobre sus labores clandestinas dentro de nuestro país. Mentir es su lema. Lo ocurrido en Tecámac con El Payín y su chofer fue una “ejecución extrajudicial”. Nadie lamenta (excepto sus familiares) cuando se eliminan a narcotraficantes. Eso no significa que jurídicamente el gobierno federal no está obligado a esclarecer el incidente. En lugar de estar enojándose con los mensajeros al ser cuestionada sobre lo lógico del papel de la CIA en México, la presidenta Sheinbaum debería estar presionando a la FGR para esclarecer lo antes posible el caso de Chihuahua y el de Tecámac y actuar en consecuencia frente a los responsables, porque de los contrario se asumirá que hay un encubrimiento de la verdad especialmente ahora que pulula la desconfianza ciudadana en la relación con Estados Unidos. Si en las décadas de los 60’s y 70’ del siglo pasado la CIA reclutó como operadores e informantes a los ex presidentes Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordáz y Luis Echeverria Álvarez, en estos momentos -y sobre todo con un embajador como Ron Johnson, ex espía de la CIA-, el gobierno de Donald Trump es posible que tenga una doble agenda en las presuntas acciones contra el narcotráfico que le ofrece a México.
Lo político es más redituable para los siniestros intereses de Washington.