Vínculo copiado
Hay vectores preliminares que ayudan a construir un diagnóstico más certero
00:00 martes 19 mayo, 2026
Colaboradores
La semana pasada nos reunimos en la Universidad de las Américas Puebla especialistas, académicos, periodistas y exfuncionarios civiles y militares interesados en la relación bilateral de seguridad entre México y EU. Nos conformamos como una red a la que invitaremos a más colegas para comprender tiempos turbulentos y generar conocimiento desde la academia, la diplomacia, la seguridad, inteligencia y periodismo serio. Hay vectores preliminares que ayudan a construir un diagnóstico más certero. No son conclusiones generales, sino líneas de análisis para ordenar una relación cada vez más compleja. Estrés bilateral. Existe coincidencia en que estamos cerca de los niveles de tensión de mediados de los años ochenta, cuando se combinaron la guerra contra las drogas, la desconfianza entre agencias de EU, el asesinato del agente de la DEA Enrique “Kiki” Camarena y crisis financieras que obligaron a México a buscar rescates económicos.
Hoy enfrentamos acciones sin precedentes del gobierno de Donald Trump contra organizaciones criminales mexicanas. La declaratoria de seis cárteles como grupos terroristas, la intervención de tres instituciones financieras acusadas de lavar dinero ilícito y la solicitud de captura con fines de extradición contra un gobernador, un alcalde y un senador en funciones confirman que la seguridad volvió al centro de la relación. Pacto político criminal. No se puede explicar el crecimiento del poder de los grupos criminales mexicanos sin el amparo y el amasiato gubernamental acumulado durante décadas. Su expansión territorial, financiera y social no ocurrió al margen del poder público, sino con tolerancia, omisión o complicidad. Lavado de activos. Ambos gobiernos han hecho poco para impedir el lavado de dinero de estos grupos y de los actores políticos expuestos a sus redes. Existe una enorme responsabilidad del sector financiero y económico de México y EU. Sin atacar estructuras patrimoniales, empresariales y bancarias, cualquier estrategia queda incompleta. Confianza institucional. Hay canales técnicos que funcionan, agencias que cooperan, mandos que dialogan y áreas donde persiste desconfianza. El reto es convertir la cooperación operativa en mecanismos estables, verificables y sostenibles. Soberanía. La asimetría de poder convierte a la soberanía en una moneda elástica de cambio. EU quiere mayor colaboración para combatir a los grupos criminales dentro de nuestro territorio. México ha cedido algunos monopolios estatales y ha defendido otros. Esta tensión será permanente mientras no existan reglas claras. Agendas nacionales. La relación bilateral no puede separarse de los tiempos políticos de ambos países. Las presiones electorales, las narrativas internas y el uso político de la seguridad contaminan la conversación estratégica. La cooperación necesita institucionalidad, no solo voluntades coyunturales.
Únete a nuestro canal de WhatsApp para no perderte la información más importante 👉🏽 https://gmnet.vip/7Be3H Interdependencia económica. Las negociaciones comerciales se han enturbiado por la agenda de seguridad. Sin embargo, la interdependencia económica puede contener la desconfianza mutua. México y EU no pueden poner en riesgo su viabilidad económica por discrepancias políticas. La seguridad tensiona la relación, pero el comercio puede evitar que se rompa.