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La guerra en tierras centroamericanas, sudamericanas y/o caribeñas de Trump puede ser el preámbulo de otro deseo del mandatario estadunidense
00:10 domingo 23 agosto, 2026
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La asunción a la presidencia de Colombia de Abelardo de la Espriella, facilita a Donald Trump su sueño de utilizar a grupos de las fuerzas especiales del Pentágono para relanzar la guerra que perdió Estados Unidos contra el narcotráfico. Con un presidente a modo como De la Espriella en Colombia, el Departamento de Guerra de Estados Unidos pronto dará ejemplos de que, así como el Comando Sur destruye embarcaciones con cargamento de narcóticos y ejecuta a presuntos narcotraficantes en obvias e innegables violaciones al derecho internacional, ahora lo hará con mayor espectacularidad en tierra y con comandos que actuarán como mercenarios en la nueva guerra de Trump contra las drogas.
Mientras De la Espriella, en sus primeras horas como presidente de Colombia se ocupada de la tragedia provocada por el terremoto que azotó a su nación, Pete Hegseth, el Secretario de Guerra del gabinete de Trump, anunció en Panamá que ya venían las acciones militares en tierra para acabar con los cárteles del narcotráfico internacional. Los operativos de la nueva guerra contra las drogas ya se están sorteando en el Comando Sur, usando como tapadera a la organización hemisférica que se inventó Trump: el llamado Escudo de las Américas al cual se anexó Colombia y otras 17 naciones de la región. Estos recientes operativos conjuntos del Pentágono y las fuerzas armadas colombianas en aguas del Caribe y el Pacífico Oriental contra el narcotráfico, son la antesala de los ataques en tierra que tanto alardea y desea Trump desde que volvió a llegar a la Casa Blanca. Colombia es el lugar ideal y propicio para rebobinar la guerra contra las drogas por ser esta nación sudamericana la cuna principal de la producción de cocaína, alcaloide que, ante la letalidad de los opioides, especialmente el fentanilo, es nuevamente el enervante con mayor demanda y gusto en el mercado de los Estados Unidos. Qué mejor distractor para Trump ante su fracaso en la guerra contra Irán que la ejecución de latinoamericanos miembros de los cárteles del narcotráfico con una sobredosis de grandiosidad y efectismo llevada a cabo por las fuerzas especiales del Pentágono en territorios extranjeros. A Trump le es más redituable, domésticamente hablando, mostrar el poderío del Departamento de Guerra contra un enemigo inferior como los cárteles del narcotráfico, que exponer la debilidad y esclavismo de sus conciudadanos a las adicciones de todo tipo de estupefacientes. La superioridad bélica del Pentágono frente a los cárteles de las drogas por encima de la atención con programas de salud y educación a la demanda y consumo de narcóticos en los Estados Unidos. Entre las 18 naciones del Escudo de las Américas hay hasta deseo de injerencia militar de Estados Unidos con tal de que Trump les ayude a combatir al problema del trasiego de drogas al que se dedican los cárteles que generan violencia, asesinatos, secuestros, extorsiones, tráfico y abuso de personas a nivel nacional e internacional. La guerra en tierras centroamericanas, sudamericanas y/o caribeñas de Trump puede ser el preámbulo de otro deseo del mandatario estadunidense: ordenar a grupos élite del Comando Norte a acabar con los cárteles mexicanos sin importar que eso pueda ser interpretado como una invasión o hasta otra declaración de guerra. POR: J. JESÚS ESQUIVEL @JJESUSESQUIVEL