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La supervivencia de Coyote vs. Acme, una película condenada a desaparecer, confirma que perseguir un deseo da sentido a la vida
00:10 jueves 10 septiembre, 2026
Colaboradores
Dato curioso sobre esa Coyote vs. Acme que en su segunda semana ocupa el tercer lugar de la taquilla global y que está a 4 millones de dólares de recuperar lo que por ella pagara Ketchup Entertainment a Warner Bros: es apenas el décimo largometraje en salas en los 96 años de existencia de una franquicia Looney Tunes históricamente orientada a la producción de cortos.
Además del largo inaugural, The Bugs Bunny / Road Runner Movie (1979) es una de las mejores: por la anfitrionía de un Bugs dandy en una casa que emula la Fallingwater de Frank Lloyd Wright (pero sustituye el agua de su cascada por jugo de zanahoria); por su ingeniosa reedición de cortos del Coyote y el Correcaminos en una sola, eterna persecución; y por su tesis central, expuesta por su orejón narrador: lo que daría sentido no sólo al universo Looney Tunes y a la comedia toda sino, por extensión, a la cultura estadounidense sería la persecución. No en balde el título de trabajo de la película habría de ser The Great American Chase o La Gran Persecución Americana.
Resultaría igual de apto para la nueva, cuya idea central es lo consustancial a la experiencia vital misma de la noción de perseguir algo. La obsesión reiterada cada día por atrapar al Correcaminos es lo que da sentido a la existencia de un Coyote que ha leído a Cavafis, si no es que a Freud. Es en ese deseo literalmente inefable que el no en vano mudo protagonista logra erigirse en improbable icono vitalista: si le va la vida —arriesgada a diario a los artilugios de la aviesa Acme— en perseguir al Correcaminos es menos en aras de comérselo hoy que, como bien rezan los créditos finales, de alcanzarlo mañana. No sólo es en ése espíritu que encuentra su redención el Coyote sino en él que hace posible la del abogado encarnado por Will Forte —a quien recuerda la extraña belleza del litigio— y aun la de un Correcaminos que, al cobrar conciencia (a saber si de Eros o del sentimiento trágico de la vida), trasciende al fin la indiferencia.
Amenazada con su destrucción por parte de Warner a cambio de un beneficio fiscal y salvada por el activismo de la comunidad de dibujos animados, Coyote vs. Acme ha devenido su propia, entrañable parábola. Más allá, haberla visto a pocos días de la muerte de una Gloria Steinem que luchó hasta el último de sus 92 años contra los valores que parecen haberse apoderado de Washington y horas antes de que la extrema derecha se hiciera con el improbable triunfo en una provincia alemana me la hizo especialmente relevante.
Perseguimos con independencia de su viabilidad lo que deseamos porque es lo que da sentido a nuestros afanes. Cierto, Acme gana casi siempre… hasta que no. (El mejor chiste de la cinta es el que presenta a Warner como “una subsidiaria enteramente propiedad de Acme”. That’s all, folks.)
POR NICOLÁS ALVARADO
COLABORADOR
@NICOLASALVARADOLECTOR